Antes de fundar Autonexo, llevé las cuentas del taller familiar en cuadernos durante años. Esa experiencia me dejó una convicción que no he soltado desde entonces: el software para talleres no puede tratarse como una app cualquiera que se activa sola y ya. Un taller real tiene sucursales, técnicos con distintos permisos, un flujo de cotizaciones que involucra al cliente final, y a veces un proceso de venta de vehículos aparte del de reparación.
Meter todo eso en un formulario de registro y esperar que quede bien configurado a la primera es, en mi experiencia, la manera más segura de que alguien abandone a la mitad. Por eso el registro te da acceso inmediato a probar la plataforma — pero pasar a producción real, con tus datos y tu equipo, lo hacemos acompañados.
No es la respuesta más "SaaS de Silicon Valley", pero es la que menos fricción real le genera a un taller que solo quiere dejar de llevar las cuentas en un cuaderno.